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Orígenes del Rugby en el Mundo

El rugby está emparentado desde sus orígenes con el fútbol, ya que ambos parecen descender de un tronco común que se remonta a las primeras comunidades organizadas. Colaboración de José María Posse.

 

Las tribus Celtas, que habitaron las Islas Británicas, practicaban un juego llamado “Caid”. Su práctica era brutal y dieron ocasión a verdaderas batallas campales. Se jugaba con las manos y con los pies.
Ya las crónicas medievales hablan de juegos de este tipo entre aldeas rivales cuyos jugadores hacían cualquier cosa en su afán de golpear y derrumbar al oponente hasta más allá de una línea de demarcación, donde se depositaba la bola marcándose el tanto.

Había dos formas básicas de “Caid”: a campo través y dentro de un campo delimitado. El significado de la palabra CAID es escroto del toro. El juego, se dice, se originó en Escandinavia (Suecia, Noruega, Dinamarca) a partir del juego vikingo de “Knappan” que llegó a ser muy popular. Las antiguas crónicas conmemoran encuentros épicos del “deporte” que al parecer servía como entrenamiento guerrero y para entretenimiento de las tropas en los interregnos de paz. Los galeses, tenían un juego similar llamado Criapan: vestigios del mismo fueron rastreados hasta la Edad de Bronce.
También los franceses poseían una variante llamado “Chole” o “Soule”, en donde las reglas eran prácticamente nulas. Es de imaginar las constantes disputas que derivaban de la rudeza de estos juegos, de allí que las autoridades comenzaron a castigar su práctica con penas cada vez más severas.
Por su puesto que los romanistas pretenden derivar estos deportes de la práctica del “Harspastum” que se remonta al siglo VI y que fue muy popular entre las legiones romanas, quienes a su vez habrían tomado el juego del “episkyros” griego. Curiosamente los Maoríes, los isleños filipinos y los de la Polinesia tenían un juego similar cuya práctica resulta inmemorial.
Entre nosotros es de destacar que, en las civilizaciones precolombinas, se conocía un juego muy frenético que consistía en hacer pasar una pelota de goma por unos aros colocados sobre una pared a cierta altura. El deporte se practicaba en verdaderos estadios y se utilizaban los pies, cabeza y caderas.
Por tanto es imposible registrar el nacimiento de nuestro rugby de manera unívoca. Está claro que desde que el hombre se irguió en sus dos piernas, tuvo la tentación de golpear pelotas con el pie, arrojarlas con las manos o con la cabeza como forma de disfrute personal.

 

Lo que si se recuerda con exactitud, fue un memorable partido de fútbol ocurrido en 1823 entre muchachos de un colegio inglés: el partido al parecer era muy disputado con jóvenes, quienes conformaban “brigadas pesadas”, las que se embestían, chocaban, caían dándose de patadas y luchaban en un improvisado scrum, para conseguir la pelota a los efectos de que sus “traviesos” o “brigadas ligeras” las recibieran impulsándolas adelante, corriendo en malón tras ella hasta la meta contraria.

...en ésta cancha comenzó todo...


Fue entonces cuando uno de esos jugadores cometió una feliz trasgresión: vaya a saberse qué habrá pasado entonces por la cabeza del joven William Webb Ellis cuando recibió la pelota y la tomó con sus manos, lo que estaba permitido sólo para dejarla caer y patearla hacia delante, para correr luego llevándola con sus pies rumbo a la meta contraria.
En aquel partido Ellis no la soltó. La aferró bien con sus manos, la apretó contra su pecho y corrió hacia la meta rival, sorteando oponentes ante el asombro y sorpresa de sus atónitos compañeros y rivales que a nada atinaron, pese a la evidente falta.
Nadie, tal vez incluido él, supo por qué lo hizo. Pero nadie protestó por no haber cumplido con las reglas tradicionales. No sólo nadie se quejó, sino que muy pronto tuvo entusiastas imitadores.
Esto ocurrió a pocos kilómetros de Stratford upon Avon, (tierra de Shakespeare) en el condado de Warwicks, Inglaterra.
Allí donde se encuentra la antigua escuela pública, del pueblo de Rugby.


Hoy en día, a un costado de su gran campo deportivo, lógicamente integrado por dos excelentes canchas de rugby, en un lugar preferente y bien visible, se encuentra una placa de mármol que dice: “Esta lápida conmemora la hazaña de William Webb Ellis, quien haciendo gala de una gran desenvoltura hacia las reglas del fútbol que en aquellos tiempos se jugaba, corrió por primera vez con la pelota entre las manos, dando así origen al hecho diferencial del juego de rugby .A.D. 1823”.

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